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13 de diciembre de 2015

[CRÍTICA] Langosta: la obligación de estar emparejado

El cineasta griego Yorgos Lanthimos vuelve al cine tras cuatro años de su última película, y viene captando una gran atención, pues, a parte de su reparto internacional (Collin Farrell y Rachel Weisz), la trama es más disparatada que en sus anteriores obras, cosa que parecería impensable: con Canino (2009) conocemos a un matrimonio que ha criado a sus tres hijos adolescentes  sin dejarles salir de su mansión, creando un universo particular absurdo y sin ningún tipo de influencia exterior. En Alps (2011) se describe a un grupo de personas que ofrecen reemplazar a los muertos que han dejado un vacío en las familias afectadas a cambio de dinero.


En Langosta, Premio del Jurado en el Festival de Cannes y mejor guion y vestuario en los Premios del Cine Europeo, se narra la historia de un hombre, Collin Farrell, un soltero que va a pasar 40 días en un hotel en donde debe encontrar pareja antes del tiempo establecido, sino se convertirá en un animal. El espectador se percatará poco a poco de que la película se ambienta en un mundo distópico en el que, por norma, no se puede estar soltero. Pero, como en todo mundo, existe una comunidad rebelde que sí lo es. Allí, irónicamente, conocerá a una chica, Rachel Weisz, por la que romperá las normas de la pequeña comunidad.


Lanthimos pasa de crear micro-mundos extravagantes a convertir el mundo en sí en un entorno absurdo y sin sentido. El espectador probablemente quede sorprendido por una propuesta original en donde se reflexiona sobre el miedo a vivir solo, sobre el miedo a vivir emparejado, sobre la necesidad de elementos comunes para tener afinidad, etc. Pero probablemente el espectador también se sienta alejado de ese extraño universo con el que es muy difícil conectar y empatizar. De esta manera, parece que la única intención de Lanthimos es sorprender más que transmitir un mensaje claro. 


La película cuenta con una primera parte curiosa: el espectador siente una intrigante necesidad por conocer lo que pueda suceder dentro de ese hotel en donde existen unas normas rigurosas de conducta. El comienzo desconcertante y divertido cae progresivamente en una segunda parte lenta, aburrida y sin gracia. De esta manera, y a pesar de las correctas interpretaciones (con especial mención al personaje cruel e inexpresivo interpretado por Angeliki Papoulia), Langosta es una propuesta divertida y audaz que se desinfla progresivamente hasta convertirse en una película con más intención que resultado. 


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