
Después de su aclamado paso por
San Sebastián y, especialmente, tras sus doce nominaciones a los Goya (pese a
lo incrédulos que debemos ser ante el reconocimiento de la Academia), solo
parecía caber esperar de La novia una alta (medianamente) calidad cinematográfica, entretenimiento y, siendo una adaptación de la
arrebatadora Bodas de Sangre de
Federico García Lorca, pasión nacida de las entrañas. Como casi siempre, las
cosas no salen como deberían y La novia
está muy lejos de ser todo eso.


