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19 de octubre de 2015

[CRÍTICA] Festival de Madrid PNR: 'Amor eterno', un desconocido del lago en Montjuïc

Con la celebración de la 24 edición del Festival de Cine Madrid Plataforma Nuevos Realizadores, el domingo 18 se proyectó en la Sala Berlanga el segundo largometraje de la promesa del cine catalán Marçal Forés. Previamente a la película se proyectó el cortometraje de animación croata Vucje Igre (Wolf Games) de Jelena Oroz, en donde las crías de una familia de lobos esconden extrañas prácticas violentas para sobrevivir al hambre. Wolf Games creó un ambiente siniestro ideal para preparar al espectador ante la inquietante película que estaba a punto de ver. 



Amor Eterno, galardonado en Sitges 2014 con el premio de jóvenes emergentes, es el segundo largometraje de Marçal Forés, director especializado en spots publicitarios y videoclips. Animals fue su primera película, producida por su escuela, la ESCAC. En su ópera prima dejaba claro los temas que le interesaban: la pérdida de la niñez, la adolescencia y el descubrimiento del mundo adulto a través de un universo violento y oscuro. Todo ello aderezado con una estética y una música propia de la cultura pop, tonos pastel y escenas que parecen sacadas de videoclips. En Amor Eterno no solo se confirma su estilo, sino que además se acerca a un mundo mucho más retorcido e inquietante: un profesor de japonés, Carlos, suele acercarse al bosque de Montjuïc, lugar habitual para hacer cruising. Allí coincidirá con un alumno, Toni, con el que acabará manteniendo relaciones sexuales. Sin embargo, mientras Carlos entendió el encuentro como un cruce esporádico, para Toni fue algo más especial, cercano a lo que él considera “amor”. El chico se obsesionará con el profesor, hasta el punto de que, junto a la ayuda de su grupo de amigos, devorará el amor que siente por él. De esta manera, la película se centra casi exclusivamente en el sexo, que a su vez genera amor, obsesión, violencia e incluso canibalismo.


Uno de los protagonistas principales de esta película es el bosque de Montjuïc. Al igual que en El desconocido del lago, el escenario natural tiene una influencia decisiva en la película, que se convierte en punto de encuentro para tener sexo entre personas anónimas, sin pasado y sin presente. Sin embargo, cuando el flechazo dura más de la cuenta, los misterios que esconden las vidas de las personas desatan una maraña de actos violentos por los que, a veces, los personajes se sienten atraídos.

El bosque representa mundos diferentes para cada protagonista: el personaje adulto concibe el bosque como un lugar para evadirse y huir de su vida rutinaria, para practicar un acto innato, natural y humano. Mientras, los personajes adolescentes conciben el lugar como un hogar, una morada donde convive un grupo de amigos entre el que se encuentra Toni. Pero, más que un grupo de amigos es una tribu salvaje: parece que todos presentan una mutilación física diferente, viven en el bosque e incluso realizan sus propios y misteriosos rituales.


La película, de apenas una hora de duración, se realizó bajo la propuesta del canal de televisión Calle 13, Little secret film. Consistía en rodar una película bajo una serie de condiciones específicas, entre ellas realizar una película de género, de una hora de duración y con un día de rodaje. Pero Marçal Fores también contó con la producción de CANADA, por lo que pudo alargar hasta ocho días el rodaje, además de poder hacer un poquito más grande el proyecto. 

A pesar de que la película no llega al fantástico nivel de su ópera prima, Amor eterno es un experimento insólito y arriesgado, que puede provocar al espectador más sensible una sensación de inquietud y terror a la vez que una profunda atracción por la concepción de amor de los protagonistas, en donde la representación definitiva del amor no es el sexo, sino un acto mucho más físico, violento y sangriento.
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