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2 de octubre de 2015

[CRÍTICA] ‘Ex Machina’: la simulación y realidad del test de Turing.

Ex Machina

‘Ex Machina’ es un film de ciencia ficción realizado por Alex Garland que aunque reconocido por la crítica, ha pasado sin pena ni gloria tanto por la taquilla internacional como en la española, en parte por su escasa publicidad, y quizá también por su alejamiento de ese entretenimiento convencional aunque funcional que suele impregnar últimamente el género.


Caleb, un programador de 24 años que trabaja en una de las mayores empresas de Internet del mundo gana un concurso cuyo premio es una semana de vacaciones en la mansión privada del presidente ejecutivo de la compañía. Cuando Caleb llega a la estupenda casa en medio de la nada, descubre que deberá participar en un experimento tan extraño como fascinante en el que interactuará con la primera inteligencia artificial auténtica del mundo que habita en el cuerpo de una preciosa mujer robot.

En este sentido, y como decía más arriba, el film se rodea de una aura diferente en su relato, con un ritmo pausado donde su estructura narrativa se asemeja más a la que impregna un guión teatral que a uno de cine, esto se ve ayudado por el hecho de que sean tres los personajes protagonistas y que la acción se desarrolle en tan solo cuatro o cinco estancias.


Además, el film apuesta decididamente por hacer partícipe al espectador en ese experimento que la sinopsis nos avanza, haciéndolo todavía más interesante. El personaje de Caleb es una mera excusa en un film donde nosotros somos los verdaderos protagonistas del experimento al que se ve sometido el protagonista, y una vez que acabe, se abre el debate sobre la pregunta que abre el comienzo de la cinta, es Ava (Alicia Vikander) ¿Una autentica Inteligencia Artificial con sentimientos humanos?, y en definitiva, sobre el futuro de esa misma premisa en nuestra sociedad a corto plazo.


Un juego psicológico e intrigante al que nos somete el director, donde muy acertadamente muestra todo con una perfecta objetividad, sobre todo en la relación de los tres protagonistas, perfectamente desarrollados y donde el director además huye de innecesarios efectismos y entregando una historia sin agujeros y prácticamente redonda.

Además, pese a su escaso presupuesto, los detalles más técnicos, sobre todo en lo referente a los efectos especiales, están muy cuidados, agradeciéndose que se entreguen a la historia, no habiendo nada que falte ni sobre. Lo mismo se puede decir de los decorados, pocos pero muy funcionales en su labor de crear la atmosfera perfecta para el desarrollo de la historia que se nos pretende contar.


En definitiva, nos encontramos ante un film donde la reflexión prima por encima de la acción, con diálogos muy interesantes y trabajados, donde quizá en lo único que cojea, es en recurrir a un tema ya trabajado en muchísimos films de ciencia ficción. Pese a esto, Alex Garland demuestra mucho cariño y eficacia en el producto que ha realizado no sólo como director sino como guionista, consiguiendo entregar a los espectadores una pequeña joya (no por original sino por bien realizada) del género en los últimos años.

NOTA: 7.5
Por Joaquín Muñoz

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