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9 de agosto de 2015

[CRÍTICA] Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia: Una paloma llamada Roy Andersson



Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia completa la indispensable y única trilogía que el sueco Roy Andersson comenzó con Canciones desde el segundo piso en el año 2000. Con este inimitable cierre, tanto narrativo como de estilo, Anderson se alzó con el León de Oro en el Festival de Venecia del pasado 2014.


El foco de toda la trilogía ha sido simple y llanamente la observación irónica y audaz de la existencia y la vida humana, en esta última entrega con más humor del ya acostumbrado. Con una serie de microhistorias que al final van componiendo algunas más largas (los dos vendedores de artículos de broma) el autor vuelve a hacernos partícipes, mediante la pura observación, de ese mundo frío y artificioso que organiza y que, sin embargo, parece más real y desnudo que el que acertamos a ver día a día.


El sueco repite su ya famoso estilo, una composición fotográfica sencillamente perfecta con una fría gama cromática y una profundidad de campo pocas veces vista creando frescos en movimiento en los que cada escena es un solo plano, normalmente muy poblados, en los que el espectador puede elegir en cual de los múltiples detalles posar su mirada.


Sin duda una de las mejores películas del pasado año, el cierre a una trilogía única y recomendable de un autor de (tristemente) escasa filmografía. Una película llena de momentos de humor, originalidad, historia y melancolía que dota al espectador de un atributo que pocos le permiten, la libertad y el poder de crear con su mirada.


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