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26 de noviembre de 2015

[CRÍTICA] The Assassin: la belleza del espacio, la captura del tiempo


“Una de las películas más bellas de la historia”. Con ese merecido título llega a nuestros cines The Assassin, del maestro taiwanes Hou Hsiao-Hsien. El director de hipnóticas maravillas como Millenium mambo o Flores de Shanghai vuelve a la dirección en solitario, después de ocho años, con la que sin duda es su película más ambiciosa. Hou Hsiao-Hsien y su extrema sabiduría fílmica reinventan todo un género como el de artes marciales (wuxia) desde su propia personalidad autoral. Sin embargo, los fans del género se estrellarán completamente, estamos ante algo totalmente diferente, totalmente Hou Hsiao-Hsien.


La historia es tan indescifrable como sencilla y completamente irrelevante para el disfrute de la película, en esto coincide con el resto de cine de este género. Una asesina ha de volver a su pueblo natal para matar a su amor de juventud. La joven experta en las artes de la lucha pero aún con sentimientos no sabe si tendrá la sangre fría para realizar su misión con éxito. La lucha interna de la protagonista, que se debate entre cumplir su deber o hacer lo que cree correcto le supone una fuerte lucha interna que solo podremos atisbar.


Después de esta trama, sencilla y disuelta dentro de la película, nos encontramos el atributo más evidente e innegable del film. Una obra que funciona a través del ritmo de unas imágenes sencillamente apabullantes, acompañadas de una gran banda sonora y de una dirección armoniosa, maestra y sobresaliente (por algo la película se alzo con el Premio a Mejor Dirección en el Festival de Cannes). Divida en dos partes, comenzando con un bello prólogo en blanco y negro y formato 1,33. Después de plantear el argumento base de la película se da paso al impresionante color  que ensancha la pantalla (1,85) y llena el resto del metraje.


En cuanto a las escenas de acción, son tan impresionantes como completamente diferentes a lo acostumbrado, cortantes como una cuchillada por la espalda, el sonido de la hoja oculta de la asesina (interpretada por la siempre impresionante Shu Qi, de nuevo a las ordenes de HHH) dura más que la propia lucha. Como bien sabe el propio Hou, en su busqueda de realismo en el género, una buena asesina ataca rápido y en silencio, sus acciones deben durar y duran escasos segundos. Sin embargo, pese a la busqueda del realismo, las escenas están rodadas con unos movimientos muy cuidados que transitan dentro del imaginario global de wuxia. La mezcla de este realismo en las escenas de acción y la exactitud histórica se mezcla con el amor por la fantasía propia del género que acaba de componer esta novedosa unión de escenas de acción y calmadas intrigas palaciegas que se alternan dentro de un ritmo ceremonioso como golpes de tambor.


En los últimos años han llegado a occidente otras dos grandes obras del wuxia de otros dos maestros, La Casa de las dagas voladoras de Zhang Yimou y The Grandmaster de Wong Kar-wai. Estas dos películas de estética sobresaliente, aunque algo recargada, contaban con una compleja historia, irrelevante y confusa hacia el espectador. Hou Hsiao-Hsien no solo logra superar con creces la belleza de sus dos grandes precedentes inmediatos sino que consigue darle la vuelta a la forma narrativa de todo el género para llevarla a su terreno, hacerla suya y, por lo tanto, hacerla única.


Todos los que conocen el cine de Hou Hsiao-Hsien saben que su forma de contar historias se basa en la sobresaliente creación de atmósferas por las que circulan ciertos personajes que adscriben su personalidad dentro de ese hipnótico mundo que el director nos deja ver durante poco más de hora y media. Sus formas narrativas se basan en una aparentemente simple utilización de largos planos que van apareciendo para luego, a los pocos minutos, diluirse creando una cadencia realmente armónica y agradable. ¿Cómo llevar está dirección al cine de artes marciales? La respuesta está en esta película, la única manera de verla es dejarse llevar por sus imágenes y su ritmo, que no por su historia ya que en ningún momento quiere persuadirnos hacia ella sino pedirnos simplemente que la observemos, que lo observemos todo. Así ocurre con las cortesanas de Flores de Shanghai, los delincuentes de Adios, sur adiós, los niños de Un verano en casa del abuelo o las tres parejas de Tiempos de amor, juventud y libertad, posiblemente sus cuatro obras más destacadas junto con Millenium mambo (siguiente foto), Ciudad doliente y Café lumière. Una carrera que ya hace tiempo que es difícilmente inigualable y que, tras una pausa, con The assassin sube otro escalón.


Después de ocho años, Hou Hsiao-Hsien no solo ha tenido tiempo de reinventar a su manera el género más clásico de China sino que además ha tenido tiempo para planear una película perfecta hasta el más mínimo detalle. Ambientada en el siglo IX, la dirección artística se preocupa hasta el extremo de revivir el ambiente de la época, los muebles, las casas y sobre todo el vestuario y las telas, cuyo color a lo largo de toda la película deja hipnotizado. La ambición no se queda solo en eso sino que la película está rodada en el lenguaje chino de ese mismo siglo, completamente inentendible respecto a su idioma actual. Sumado este hecho a que Hou Hsiao-Hsien nunca deja ensayar a los actores (ni las escenas de lucha) la película se aleja de toda búsqueda teatral de resucitación histórica para conseguir el verdadero objetivo, transportar ese historia de hace doce siglos hacia su cámara (rodando en 35 mm) y después, hacia nosotros.


En definitiva, para gran parte de la crítica internacional, la mejor película del año. Quizás, su historia te deje demasiado frío para serlo sin más discusión, sin embargo, sí se puede afirmar que en mucho tiempo no habrá una película tan inigualablemente bella como The Assassin. Nos quedamos con la escena en la que la protagonista escucha a su objetivo, grabada a través de las propias telas a modo de filtros, increíble, como el reencuentro final de la protagonista con su maestra y la llegada de la niebla tapando como un tapiz las montañas. En definitiva, cayendo en frases tópicas, estamos ante cine con mayúsculas.

  

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