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7 de junio de 2015

[CRÍTICA] Mad Max, Furia en la carretera ¡A quién le importa Mad Max!


Después de tres décadas desde la última entrega, el director George Miller vuelve a retomar a su mítico personaje de los ochenta.  Mad Max: Furia en la carretera no es, sin embargo, una película que exija o necesite haber visto las anteriores entregas para visionar esta cuarta parte.


Podríamos decir que estamos ante uno de los mejores prototipos de lo que es el género de acción con mayúsculas. Desde el Batman de Cristopher Nolan, al que siguieron la evolución de las películas de la Marvel, la acción había sido sazonada con un guión con cierto contenido, los personajes importaban, eran más oscuros, tenían diálogos, dramas y contaban en el reparto con actores habituales fuera de los círculos del blockbuster. Miller se olvida de todo esto, pasa absolutamente de los personajes o del diálogo, se centra puramente en la acción. Mad Max: furia en la carretera no podría tener mejor nombre ya que toda ella es una persecución con batalla casi ininterrumpida. El motivo es el arquetípico argumento “rapto de las sabinas”, en esta ocasión las mujeres de un tirano que controla uno de los territorios aún con agua de la devastada tierra post nuclear de Mad Max.


Dentro de esta vuelta al cine de acción puro y duro, Miller y la era tecnológica de calidad gloriosa en la que nos encontramos nos regalan una remasterización de ese mundo que ya nos avanzo, de forma obviamente más cutre, en los ochenta. Las imágenes son sencillamente apabullantes, preciosas, con una gran influencia pictórica y un cuidado exquisito. Mad Max, sin embargo, pasaba por allí como quien dice. Cualquier “cachitas” podría hacer lo que en la película hace su supuesto protagonista. Miller nos devuelve al mundo de Mad Max sin Mad Max. Solo la leve presencia de Charlize Theron nos da cierto apoyo personajístico. Obviando lo plano del personaje principal y la belleza de las chicas que lo acompañan como único y superfluo atributo, hay que destacar que el diseño de los demás personajes es, por el contrario, sensacional, original y ochentero, cutre y moderno.


Exceptuando a los fans puros del género, el principal fallo que encontramos en Mad Max es que dos horas de persecución, en la que el director no provoca ningún apego hacía los personajes exceptuando la belleza de sus protagonistas femeninas, hace que su éxito o fracaso de absolutamente igual, resultando la acción larga, repetitiva y sobrecargada. No toda la canción puede ser estribillo, sino se aborrece muy rápido.



Una película simple, plana, vacía, repetitiva, irreal, explosiva, apabullante, bella, cansina y entretenida. En definitiva, Mad Max es lo que quiere, no hay contenido, no hay narración argumental, no hay personajes, no hay sentimiento, es el género de acción.


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