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9 de febrero de 2016

[CRÍTICA] El renacido: Sobrevivir a la perfección de la imagen


El renacido es, sin duda, uno de los grandes nombres del año cinematográfico, una ambiciosa propuesta técnica que se ha hecho con 12 nominaciones a los Oscars. Después del triunfo de Birdman el pasado año, el realizador mejicano Alejandro G. Iñárritu no baja su nivel de ambición técnica, está vez adaptando una supuesta historia real que se podría definir más bien como una leyenda de la época de colonización del oeste americano.


Glass (Leonardo DiCaprio) es el reservado guía de una expedición en las montañas. Lo único que tiene y aprecia es a su hijo mestizo, Hawk. En plena huída de los indios, Glass será atacado  por un oso que lo dejará al borde de la muerte. Al retrasar al grupo, uno de los hombres, John Fitzgerald (Tom Hardy), decide acabar con su vida, pero antes de acabar con él, Hawk intenta impedírselo y es asesinado por Fitzgerald que, después, deja a Glass a su suerte dando por seguro su muerte. A partir de aquí, toda la historia nos contará como Glass lucha por sobrevivir en condiciones imposibles para llevar a cabo su venganza en medio de un inhóspito territorio.


Iñárritu vuelve a apostar fuerte, la ambición nunca es un defecto pero los excesos de El renacido no dejan brillar a sus virtudes. Estamos ante una película de una belleza fotográfica apabullante, Lubezki es un genio y en cada uno de sus trabajos lo demuestra, será, casi con toda seguridad, su tercer Oscar consecutivo. Todas las imágenes de la película son impresionantes, sin excepción, lo cual, a su vez, se diluye en el conjunto de 157 minutos de imágenes preciosistas que unifican en exceso el relato ya que al no querer salir del asombro nunca nos lleva hasta él. El paisaje nevado, el uso de la niebla, del fuego y del aire recuerda, como ya han apuntado muchos al uso que hacia Tarkovski de los cuatro elementos (aire, tierra, fuego y, sobre todo, agua) pero, al contrario que el poético cine del ruso, no deja de ser un alarde formal, ayudado de un brillante apoyo de la tecnología digital.

    

Por otro lado, escenas como la avalancha, la caída por el precipicio a caballo, las batallas y, especialmente las escenas con el oso, gozan de un brutal realismo lleno de detalles para transmitir cercanía al espectador, al igual que los gritos, la sangre y las salivaciones del protagonista que, sin embargo, por repetitivos y exagerados caen habitualmente en lo efectista, alejándose del realismo (todas las flechas de los indios, desde decenas de metros, van directas a atravesar los cráneos de los colonos cual calabazas). Otro punto a destacar es la inclusión de escenas oníricas o imágenes mentales que sirven al director mejicano para representar pequeñas pinceladas del interior del solitario protagonista, de nuevo un intento de acercarse al Tarkovski de El espejo y al Malick de El árbol de la vida que no acaba de resultar natural, jugando en el límite de lo forzosamente sublime.


Sin embargo, el principal problema de El renacido es que las imágenes son tan irreales, todo es tan perfecto y tan bonito que supone, al final, una carga para la veracidad de una historia cuya credibilidad en ningún momento se mantiene. Solo la grandísima interpretación, casi exclusivamente gestual, de Leonardo DiCaprio, logra mantener a la historia y al personaje con un mínimo de credibilidad que se rompe cada vez que, de nuevo, sigue vivo.


Pese a los problemas de la película, hay que reconocer que su apuesta es llamativa y su trabajo técnico supone un atractivo viaje más que disfrutable para cualquier espectador. Pero al final, muy lejos de Tarkovski y Malick cuya complejidad sigue ocupando nuestras mentes a día de hoy, Iñárritu no transmite contenido ni trascendencia con su viaje. También lejos de la reposada empatía y sapienza por la naturaleza de Las aventuras de Jeremiah Johnson de Sydney Pollack, El renacido funciona más bien como un film experiencia, donde el realismo y la exactitud de los efectos juegan con una situación alargada, como ocurría en Gravity. En definitiva, a la anunciada como la gran película americana del año le falta mucho para ser perfecta pero su ambientación, el realismo de su recreación y su perfección paisajística, acompañadas de la campaña publicitaria y viral para que su actor gane el Oscar, convierten a El renacido en una de las propuestas más relevantes de Hollywood este año.


Por Rafael S. Casademont
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