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22 de noviembre de 2015

[CRÍTICA] Rams (El valle de los carneros): descongelando los sentimientos filiales


Quizás nos encontramos ante una de esas pequeñas joyas que, pese a sus múltiples premios, pasan desapercibidas en la cartelera, ya sea porque su autor no es aún conocido, por su nacionalidad, su falta de estrellas o por no adscribirse a un género de mayor tirón. Rams o, en España, El valle de los carneros es un buen ejemplo de este fenómeno. Ganadora de nada más y nada menos que del Premio a Mejor película en Un Certain Regard del Festival de Cannes y de la Espiga de oro en el siempre interesantísimo Festival de Valladolid, la película, de una nacionalidad tan poco transitada como la islandesa, acaba de llegar a nuestros cines.


La película cuenta la historia de dos hermanos, peleados desde hace más de cuarenta años, vecinos aislados del resto del mundo y ganaderos de carneros. Ambos solteros, basan su vida en el cuidado de sus animales, su familia. Debido a la rivalidad entre ellos, sale a la luz que uno de los animales está infectado. Para que no se expanda y debido al contacto, las autoridades veterinarias obligan a sacrificar a los ganaderos todos sus animales. Pese a que en principio, los dos hermanos se resisten de formas muy diferentes a la medida, al final deberán de unir fuerzas para conseguirlo.


Estamos ante una película muy bien realizada que no se mueve mucho del ambiente típico de una película festivalera procedente del frío europeo, salvo por los acertados toques de humor. Mediante el silencio que rodea el inmenso y espectacular paisaje de la historia, los dos hermanos narran interiormente su soledad y su amor por sus animales. Contada en pequeñas dosis, sus relaciones con el mundo nos son relatadas mediante el silencio y los gestos. Su relación con el paisaje, tanto único hogar como peligroso enemigo, compone en esencia el principal atributo de la película junto con su capacidad para esconder y mostrar a la vez los sentimientos de sus protagonistas.


De hecho, al final, con lo que uno se queda de esta simpática película es con la manera con la que su director, Grímur Hákonarson, logra transmitir al público el profundo amor de estos dos hermanos mostrando continuamente todo lo contrario. Del mismo modo que en una obra maestra como La Strada de Federico Fellini, el último plano de Rams es la captación fílmica, sin palabras, sin explicaciones, de lo que sentimos como amor.


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