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22 de abril de 2016

Romance en Tokio: Amelie en Japón



Amelie nació en Japón. Pero su vida se desarrolló en Bélgica. A pesar de todo, siempre se sintió japonesa. Haber nacido en Japón no es suficiente para ser un japonés pero casarse con un japonés si que sirve para ser nacionalizado. El film gira en torno a dos temas principales, el compromiso y las diferencias con las que se encuentra Amelie a la hora de lidiar con su pareja japonesa.


Romance en Tokio es básicamente una película de choques culturales. Si algo he aprendido gracias a los vídeo blogs de Kira Sensei (un español que vive en Japón) es que existen dos fases por las que pasan los extranjeros en el país nipón. Una primera fase dónde solo existe un amor absoluto hacia el país y una segunda fase en la que surge el odio, al no poder integrarse en una sociedad donde el individuo vive encerado en si mismo, al contrario que en Europa donde estamos acostumbrados a mostrar nuestros sentimientos. Cuando se conoce la superficie se ama con locura, pero el verdadero amor hacia un lugar, persona, sociedad es cuando la conoces en profundidad y tras conocer sus defectos sigues amándola, solo si llegas a ese punto es cuando se descubre si de verdad se quiere algo o solo era un romance pasajero.

La película es entretenida y divertida, tiene un buen ritmo narrativo, no resulta aburrida en ningún momento. No obstante, en algunos momentos peca de sensiblera, pero centrarnos en ese tema sería ser injustos con el film. A pesar de ser una comedia romántica se sale un poco del molde establecido en el género, sorprendiendo al espectador con algún que otro gag fuera de lo común, resultado de las diferencias que existen entre la gente de occidente y los asiáticos.

No sé si se trata de una simple casualidad o el director Stafan Liberski ha aprovechado que la chica protagonista posee el mismo nombre que el personaje de la famosa película de Jean-Pierre Jeunet, Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, para introducir varios temas musicales que recuerdan demasiado al estilo de Yann Tiersen. Para finalizar, hay que destacar el carisma ante la cámara de la actriz protagonista, Pauline Étienne, una actriz que está todavía por explotar y que parece ir por muy buen camino.


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