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15 de marzo de 2017

[FESTIVALES] IBAFF 8º DÍA 5 y final: Joachim Laffose, Xavier Dolan, Oliver Laxe y más


La última jornada de la ya finalizada octava edición del IBAFF comenzó con el largometraje que más tarde se alzaría con el Premio del público. Los caballeros blancos, de Joachim Laffose, supone un retrato de incómoda mirada hacia la labor humanitaria de ciertas ONGs occidentales. La cinta plantea una interesante reflexión hacia la hipócrita labor humanitaria de una Europa que no puede evitar sentirse superior a lo que quiere, en principio, ayudar. La cinta del cineasta belga centra su argumento en un descontrolado sistema de adopción infantil y en la relación de los voluntarios europeos y su mirada paternalista con los habitantes africanos mediante un continuo ejercicio de incomprensión mutua. Pese a gozar de un ritmo irregular y una puesta en escena algo confusa cuyo principal valor es la tonalidad y aridez de su imagen sumada a la falta de histrionismo en la interpretación de sus protagonistas, la película resulta más que destacable por su capacidad original de plantear nuevas preguntas.

Algo parecido se podría decir del cortometraje de un solo minuto, El avión, de Jesús Martínez y Jotoni. Pese a lo pobre de la animación, la obra consigue resumir en poco más de tres o cuatro imágenes nuestra pasividad ante un conflicto humano que nunca ha sobrepasado, para el espectador europeo, el mero contenido televisivo. El mismo mensaje, sí cabe aún más directo, forma el corto franco sirio Mare Nostrum de Rana KAZKAZ y Anas KHALAF que parte de una relación padre e hija hacia una reflexión sobre la importancia de las circunstancias que están llevando a miles de personas a arriesgar la vida de sus hijos en el mar.

Los caballeros blancos
Quizás todos estos conflictos no serían tales si pudiésemos concebir el mundo como parece retratarlo el gallego Oliver Laxe en Mimosas, ganadora de la Semana de la Crítica en el pasado Festival de Cannes. Mimosas es, ante todo, un relato iniciático que trabaja con la cultura, tanto del paisaje como de las costumbres sociales y religiosas, para llevar a sus personajes hasta un estado de suceso trascendente creado a partir de una simple premisa dramática, el transportar un cadáver. También premiada en Cannes, el IBAFF cerró su programación con Solo el fin del mundo, el último trabajo de Xavier Dolan que fue galardonado con el Gran Premio del Jurado en Cannes, también en la pasada edición. El joven cineasta quebequés realiza un relato agotador e histriónico, confuso y asfixiante donde poco más se saca que un radical planteamiento de verborrea e intensidad actoral a cargo de un reparto poblado de estrellas.

Mimosas
Más interesante resultó Geometría del esplendor, un largometraje documental de José Ramón da Cruz acerca del mítico grupo de música industrial Esplendor Geométrico. El cineasta parte de un material problemático como siempre es la dinámica de los bustos parlantes y de una escasa cantidad de material de archivo. Sin embargo, Geometría del esplendor se sobrepone  a sus dificultades creando unos interesantísimos juegos visuales a modo de escenificación de los ritmos de las canciones de Esplendor Geométrico (diversos remontajes de obras de clásicos como Chaplin o Frad Astaire así como nuevas creaciones) y de un juego de pantalla partida y cambio del punto de vista en sus entrevistas. Todo ello, además, plenamente justificado al relacionarse con el carácter experimental y libre del grupo de música que intenta retratar.

Geometría del esplendor
Studio Pasolini, de Pablo López Jordán, es un cortometraje que recorre el paisaje natural y humano tratando de encontrar lo que las palabras de la voz en off, citas del propio Pier Paolo Pasolini, parecen enunciar. Con la mucho más acertada Caro Diario (Nanni Moretti, 1993) en la cabeza, las imágenes de López Jordán suponen un confuso desfile de presencias cuya arbitrariedad solo es rescatada a veces mediante la inteligencia, tanto lógica como sensorial, que expresan las reflexiones del mítico artista italiano. Los árboles del agua, de Ramón González fue el último trabajo a competición procedente del taller de Kiarostami, de nuevo con el agua como hilo conductor. Con la mano de un pintor que dibuja con agua en la roca un árbol tras otro a la vez que el sol va borrando su obra, de la obra se desprende parte de esa esencia del director iraní en torno a la capacidad de saber ver y capturar la poética de los momentos corrientes y efímeros.

Con Kiarostami abríamos y ahora cerramos esta serie de crónicas diarias (aquí tenéis las anteriores: día 1, día2, día 3, día 4) que han abordado de forma íntegra toda la Sección Oficial, tanto de cortometrajes como de largometrajes, en lo que todos los años se convierte en una cita ineludible de cine para la Región. Ha sido un orgullo para nuestro blog y para mí (Rafael S. Casademont), personalmente, estar de nuevo allí como medio acreditado en un festival cuya propuesta creemos tan arriesgada como necesaria para una Comunidad Autónoma y una ciudad que necesita de algún valiente que le muestre toda esa impagable e indispensable materia oscura cinematográfica que vetan con impunidad los multicines. Esperamos que el IBAFF siga mostrando al cinéfilo de la Región que el cine es tan abierto y diverso como el mundo que lo crea. Esperemos también estar allí para contarlo de nuevo.

Por Rafael S, Casademont
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