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3 de diciembre de 2016

RETROSPECTIVA DEL CINE ESPAÑOL: Brácula, el renacer de la cultura española


DE CÓMO DON QUIJOTE Y SANCHO MANTUVIERON UNA SANA CONVERSACIÓN EN UN ALTO EN EL CAMINO

Cuenta Cide Hamete Benengeli que dudó en contar lo que en esta historia se refiere por considerarla apócrifa, debido a la mucha sabiduría y cordura de la que hicieron gala caballero y escudero. Y es que habiendo pasado dos días desde que abandonaron la venta, donde tomaron la consideración de ir a Barcelona, y no a Zaragoza, como la historia de aquel nuevo historiador predicaba[1], quiso el rucio y el jumento detenerse a descansar ante una planicie de fresco bosque que había por la zona, al fin de parar por la mucha y muy larga marcha del día. Y parando ambos, amo y siervo, sentaronse en el llano donde la suave brisa de la tarde enfrió lo ardores de la mollera del caballero andante.
Dispuestos a tomar el almuerzo, quiso don Quijote hacer gala de buenos modales y cedió la palabra a Sancho, para que largara con complacencia lo que tiempo atrás quería contar. Y con la labia que le confería su sabiduría escuderil y villana se puso a contar lo que más le placía de aquella nueva aventura que les había arrancado de la ociosidad vida de su hacienda. Y Sancho dijo:
-De todas las aventuras y empresas iniciadas por vuesa merced, la única que imposible de creer es la que vivió en la llamada cueva de Montesinos[2].
A lo que don Quijote, enfurecido por la arrogancia del escudero, le respondió:
-Impertinente te muestras en negar lo que yo dije, pues en la noble y leal orden de caballería que profeso la mentira es uno de los mayores pecados que se pueda cometer, y no juro, por no elevar testimonio ante Dios, pero si prometo, que si bien no todo lo que vi conté, todo lo que conté vi.
-¡Válame Dios¡ Y no se enfurezca vuesa merced de todo lo que digo, pues es sabido, que no está hecha la miel para la boca del asno, y a mí, que no soy caballero, ni puedo profesar tal ocupación, me es imposible de comprender todas los lances y tuertos en los que insertos nos vemos.
-Para que de tu necedad escapes te contaré otra cosa que allí vi, pero que hasta hace más bien poco tiempo a mi comprensión escapaba. Pues estando allí, después de ver pasar el cortejo de la señora Belerma ante el cuerpo adormecido del desgraciado Durandarte[3], quiso el venerable Montesinos el mostrarme unas luces que se proyectaban sobre la cristalina pared del castillo, forjando una imagen nítida. Anonadado quedé cuando de entre las imágenes el movimiento se hizo y pude ver dos hombres, iguales que nosotros, caballero y escudero. Sincero y valiente el primero, simple y cobarde el segundo. Brácula: Condemor II, del señor Sáenz de Heredia. Obra cumbre del nuevo siglo de Oro de la cultura española. Cómico y tenaz se mostraban sus protagonistas ante mí, que curiosos e impertinentes, me transportaron a un mundo de fantasía tan real, como ilusorio. Un nuevo Amadís de espada en ristre deshaciendo tuertos. Flor y nata de la caballería andante del nuevo siglo, cuyo escudero, cobarde como tú, Sancho, se deleita con frases hechas y cómicas en la búsqueda de sabiduría. ¿Qué bien le hubiese venido aquellas lecciones sobre la prudencia y el decoro en la dirección de la ínsula en las que te instruí[4], a ese que se hace llamar Lucas, interpretado por el doblemente bigotudo Bigote Arrocet? Mucho aprendí de las lecciones de señor y siervo, pues al igual que nosotros, también encerrados por la maldición de magos y enemigos del averno en un Castillo encantado, que bien me recuerda a los castillos, de malos castellanos, que nos encontramos en andanzas anteriores, que querían hacer pasar por doncellas aquellas que eran mozas[5]. Al igual que nuestras desventuras, ellos luchaban contra ganapanes y demonios con sutileza y raciocinio. La lucha contra el absolutismo totalitario de las fuerzas de las tinieblas les lleva a mostrar una severa astucia, disfrazada con folclore y tradiciones, pues aún bajo el mayor peligro de su desventuras, permiten, amigo Sancho, desprender sabiduría gastronómica, deleitando al paladar con platos de tan alto gusto como higadillos de tendera, sopa de ajos, ajos asados y brazos de gitano. Su castiza sabiduría invita a la audiencia de aquellos que presentan tan asombrosos conocimientos en medicina tradicional, especialmente contra el reuma, mal que embiste a los huesos, de quienes como tú, dedican su vida al ingrato esfuerzo del labrado de la tierra. Pobreza y crítica social en juntura, pues es el sino de aquellos tocados de gracia divina, con distintas artes enfrentarse al maltrato y agravio que se comete en contra de los justos y pobres de solemnidad, sea como fuese, con espada o con música de un barroquísimo tono.

Con toda esta larga soflama consumió el tiempo de manso descanso don Quijote, que continuó narrando a su escudero otras y muchas maravillosas historias de las que vio y vivió en la cueva del citado Montesinos, a fin de que el escudero saliera de la ignorancia y escepticismo que le provocaba la orden de caballería. Y así, recuperadas las fuerzas del esfuerzo de la caminata de la mañana continuaron por aquellos andurriales, donde vivieron otras muchas más aventuras que se relatan más adelante.

[1] Aquí hace referencia al Don Quijote apócrifo de Avellaneda, del cual el propio Cervantes hace burla y  parodia en el capítulo LIX de su Segunda Parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
[2] Referencia al capítulo XXIII de la Segunda Parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
[3] Don Quijote repite el sueño que tuvo dentro de la cueva en el capítulo XXIII.
[4] Referencia al capítulo XLII y XLIII de la Segunda Parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
[5] Referencia a las aventuras vividas en los capítulos XVI y XVII de la Primera Parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

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